Querida
soledad:
Te odio, y me odio a mí mismo por odiarte. En estos momentos eres lo único que me queda, se supone que debería apreciarte como le he hecho otras veces. En muchos momentos te he apreciado, te he
escrito, te he nombrado como amiga fiel, te he escuchado sin oirte, he deseado estar a tu lado y nada más. Pero hoy... hoy estoy harto de ti.
Estoy harto de no sentirte, de no escucharte, de soportar tu silencio seco aunque otros hablen, de sentirme vacío y no me llenes, de observar los días pasar y a ti no poder verte. Te odio por llenar
mi mente de recuerdos, de imagenes que me hacen daño, de sueños detrozados. Odio que me acompañes cada noche sin hacerme compañía. ¡¡Te odio, te odio tanto!!
Tú me has hecho ser quien soy ahora, y yo no quiero ser quien soy.... ya no. Paso de ser ese bicho raro que nadie comprende; esa persona que unos admiran y otros odian, pero que nadie conoce. Dime
¿quién me ama? Nadie, porque tú hiciste que no comprendiese la forma de amar de los humanos, y ellos no quieren amar a un ser como yo.
¡Me estoy volviendo loco! ¡¿Qué coño hago escribiendote una carta?! ¡¿Qué la mando, a la calle del olvido?! ¡Por Dios! Pero sé que estes donde estes acabaras leyendola. Quizá al mismo tiempo que
escribo esto estes leyendo cada letra, cada plabra, cada línea; y quizá en ese momento comprendas que es mejor que te alejes un poco de mí, sólo un poco, porque no seria capaz de vivir sin ti.
P.D: En el fondo, los dos somos iguales.
NUEVA PAGUINA
WWW.MOISESBURILLO.ES

